Periodos de la historia de Roma


Monarquía

Esta época se desarrolla en lo que se denomina «protohistoria» de Roma. Lo que
conocemos de ella se basa en la tradición, recogida por los historiadores romanos
varios siglos más tarde. Se impone, pues, distinguir entre lo que la tradición contaba
sobre esta época, en sus dos aspectos (interno y externo), y la realidad histórica, en la
medida que ha podido ser reconstruida por los historiadores modernos.

4.1. La tradición: historia interna
Periodo latino-sabino
Tras la muerte de su hermano Remo, Rómulo es investido primer rey de Roma.
Como salida a una guerra con sus vecinos los sabinos, las aldeas repartidas por las
colinas próximas al Tíber se fusionan, dando lugar a una población mixta latinosabina.
Rómulo comparte el trono con el rey sabino, Tito Tatio, hasta la muerte de
éste. Cuando Rómulo muere (o asciende a los cielos, que las dos versiones se
contaban), le sucede el sabino Numa Pompilio. Tras éste reinan el latino Tulo
Hostilio y el sabino Anco Marcio.
Roma se regía entonces por una monarquía electiva. Durante el periodo de elección
(«interregno»), la ciudad era gobernada por un interrex, cargo en el que iban
turnándose los miembros más destacados del Senado. El rey era el magistrado
supremo, el jefe de aquel Estado-ciudad: él gobernaba, juzgaba, dirigía el ejército,
convocaba y presidía el Senado y la Asamblea.
Se atribuía a Rómulo la primera constitución romana: ésta distribuyó los distintos
linajes patricio- (gentes) en tres tribus, cada una organizada en diez curias. Los jefes
de las distintas familias (paterfamilias) componían el Senado, cuya función era
asesorar al rey, gobernar durante el interregno y elegir al sucesor. Los hombres
adultos (quirites) de las treinta curias se reunían en la Asamblea curiata: sancionaban
la elección del rey, votaban las leyes, decidían sobre la guerra y la paz, etc.

Periodo etrusco
A la muerte de Anco Marcio es nombrado rey e etrusco Tarquino el Antiguo. A éste le sucede su yerno Servio Tulio, y a éste, Tarquino el Soberbio, hijo de Tarquino el Antiguo. El régimen sufre drásticas transformaciones: los reyes etruscos llegan al poder mediante la intriga y la violencia, en vez de mediante la elección del Senado y de la Asamblea, con lo que el poder de estas instituciones queda muy reducido.
Al rey Servio Tulio se le atribuye una reforma de la constitución de Rómulo: el sistema de participación política basado en el linaje, que excluía a los no patricios, es sustituido por otro, basado en la riqueza. A este efecto distribuye a los ciudadanos, patricios y plebeyos, en cinco clases o niveles económicos. Esta clasificación se tenía en cuenta a la hora de votar y a la hora de servir en el ejército. Las relaciones entre los reyes etruscos y el Senado fueron haciéndose cada vez más tirantes, hasta la ruptura total con el último, apodado por ello «el Soberbio», que diezmó prácticamente el Senado. Este enfrentamiento, unido al descontento del pueblo y a 1o abusos de la camarilla real (como la violación de la noble Lucrecia por uno de los hijos de Tarquinio). provocó la sublevación de la ciudad y la expulsión del rey y de su familia. Al frente de la ciudad quedaron los jefes de la sublevación, J. Bruto y T. Colatino con el título de cónsules.

4.2.La organización social




La población de Roma, desde sus orígenes, estuvo dividida de una manera tajante en
dos estamentos jurídico-sociales: el de los hombres libres y el de los esclavos. Los
primeros se distribuían en dos clases bien diferenciadas: los patricios y los plebeyos.
.- Los patricios, la clase minoritaria, eran los descendientes de los fundadores de la
ciudad, que integraron el primitivo Senado de Rómulo: éste les dio el título de patres
y a sus descendientes el de patricios. Poseían la mayor parte de las tierras y de los
ganados que en ellas pastaban. Controlaban el Senado y se reunían en la Asamblea
cunada. Se agrupaban en gentes (linajes o clanes).
.- Los plebeyos, la progresiva mayoría de los ciudadanos, inmigrantes voluntarios o
forzosos, procedentes de las demás ciudades del Lacio o del interior de Italia, se
dedicaban básicamente al trabajo manual en los distintos oficios y servicios. Un
grupo de ellos, los clientes, vivían en una especie de simbiosis con las familias
patricias; así conseguían pequeñas parcelas de terreno y protección a cambio de una
disposición servicial permanente. Otros, por el contrario, los llamados caballeros,
consiguieron enriquecerse a través del pequeño comercio, la industria incipiente, las
contratas públicas, etc., convirtiéndose en una especie de clase (ordo) intermedia
entre patricios y plebeyos.
Los esclavos (servi), hombres desprovistos de todo derecho, ellos y sus familias, como
si se tratara de animales de labor o cosas, fueron aumentando con el tiempo, sobre
todo en el periodo etrusco. El principal contingente de esclavos lo constituían los
prisioneros de guerra. Eran empleados en los campos, en las obras públicas de la
ciudad, cuyo urbanismo experimentó un gran desarrollo en ese periodo, y en el
trabajo doméstico.


Personaje representativo: Servio Tulio

Os he dicho hace poco al contaros la historia del niño Servio, que le habían visto en su cuna rodeado de una llama, y que era hijo de una esclava, pero no sabéis lo que es una esclava, y voy a procurar explicároslo.
Cuando los romanos quemaban o destruían las ciudades de sus enemigos se llevaban consigo todos los hombres, mujeres y niños, vendiéndolos después en los mercados como ahora venden caballos y otros animales; los que los compraban los hacían esclavos; es decir, que tenían derecho para pegarlos y aun matarlos algunas veces, y mandarlos hacer cuanto quisieran para su servicio; bien juzgáis que aquellas pobres gentes eran muy dignas de lástima cuando tenían malos amos que las maltrataban; porque jamás podían dejarlos sin su permiso, y cuando tenían esta dicha decían que eran libertos.
La madre del pequeño Servio era, pues, esclava en la casa de Tarquino, más la reina Tanaquil la tornó cariño lo mismo que a su hijo, que educó muy bien, y a quien con consentimiento del rey dio por mujer a su hija mayor cuando fue grande, de modo que Servio se hizo yerno del rey.
Cuándo Tarquino murió, dejó dos niños que eran muy jóvenes para reemplazarle, y Servio se gobernó tan bien que con el auxilio de la reina Tanaquil llegó a ser rey, aunque el senado no estaba muy contento con ser gobernado por él.
No obstante Servio no fue un rey malo: también batió a los enemigos de Roma que eran todavía muy numerosos, agrandó mucho la ciudad e hizo construir hermosos edificios; en fin, hizo acuñar moneda, que en lugar de tener la cara del rey como en el día, representaba entonces la imagen de una oveja. El bien que hizo le granjeó el amor de los romanos, pero fue en su propia familia donde encontró sus más crueles enemigos, y ved aquí cómo esto sucedió.
Servio tenia dos hijas, que casó con los dos hijos de Tarquino; uno de estos príncipes, Lucio Tarquino, era muy malo, y una de las hijas del rey Servio, que llamaban Tulia, no era mejor que él; por desgracia estas dos malas criaturas no estaban casadas una con otra, pero se entendieron tan bien que Tulia envenenó un día a su marido para casarse con Lucio, quien por su parte hizo quitar la vida a su mujer. Bien veis que ambos eran malvados, que merecían ser castigados de un modo terrible por tan gran delito, pero cometieron otro mucho mayor todavía.
Un día Lucio Tarquino declaró de repente que quería tener la corona del rey Servio, porque había sido de su padre, y se atrevió a subir sobre el trono del rey, quien quiso obligarle a bajar de él; pero como Tarquino era más joven y robusto precipitó a su suegro de alto a bajo del trono, hiriéndole gravemente. Al llevar al rey a su casa unos malvados a quienes Tarquino habla apostado le dieron de puñaladas, y el pobre rey quedó en la calle cubierto de sangre, y murió sin que nadie se atreviese a socorrerle ni levantarle por miedo de la cólera de Tarquino.
El rey Servio se hallaba todavía tendido en la calle cuando su hija Tulia pasó en su coche por aquella misma calle. Su cochero, que vio el cuerpo del rey ensangrentado y abandonado de aquella manera, quiso volverse atrás, pero la infame Tulia le mandó que pasase por encima; una acción tan horrible no queda sin castigo como lo veréis muy en breve, porque Dios la maldijo, lo mismo que a su marido.

5. República

Los primeros siglos de esta segunda época adolecen también de falta de seguridad
histórica. Aunque el terreno que se pisa es ya más firme por su mayor proximidad a
las fuentes conservadas (siglo 1), la historia documentada, es decir, la historia en
sentido estricto, no empieza en Roma hasta el siglo iii a.C.

5.1. Historia interna: el sistema político
El sistema político romano estuvo en continua evolución. No hubo nunca en Roma
una constitución escrita al estilo de las modernas. Las instituciones políticas iban
reformándose y acumulándose según las necesidades y la correlación de fuerzas entre
los distintos sectores de la población. El régimen «republicano» se basó en tres
pilares: las magistraturas (cargos públicos), el Senado y los comicios o asambleas.


a)Las magistraturas
Se repartían el poder ejecutivo, civil y militar, y la administración de la ciudad de
Roma, primero, y del Imperio, después. Se distinguen dos tipos de magistraturas: las
ordinarias (en tiempos de normalidad) y las extraordinarias (en «estados de
excepción»).
Entre las ordinarias había cuatro, con poder ejecutivo, que se ocupaban de las tareas
de gobierno. Constituían el cursus honorum (la carrera política). Eran, de mayor a
menor, las siguientes:
Los cónsules. Eran dos. Sobre ellos recaía la jefatura del Estado-ciudad. Eran la
suprema autoridad civil y militar: presidían el Senado y la asamblea, dirigían el
ejército y mandaban sobre los demás magistrados.
Los pretores. Hasta el final de la República fueron dos también. Eran los responsables
de la administración de la justicia: uno, en los litigios entre ciudadanos romanos
(praetor urbanus); otro, cuando intervenían forasteros (praetor peregrinus).
Los ediles. Eran cuatro, dos patricios (curules) y dos plebeyos. Se encargaban de la
administración de la ciudad, como los actuales concejales: obras públicas, fiestas,
aprovisionamiento, seguridad ciudadana, etc.
Los cuestores. Pasaron de dos al principio a cuarenta en tiempos de César. Eran los
encargados de la administración de los fondos públicos (control de los gastos civiles y
militares), tanto en Roma como en las provincias.
Estas cuatro magistraturas tenían una serie de características comunes:
— Anualidad. La duración de los cargos era de u año, y no se podían prorrogar; de
manera que h bía elecciones cada año.
— Colegialidad. Cada magistratura, como hemos visto, estaba desempeñada por dos o
más colegas con igual autoridad y derecho al veto mutuo.
— Gratuidad. Los cargos no estaban remunerados. con lo que sólo los ricos podían
optar a ellos.
— Progresividad. La carrera política se iniciaba como cuestor. y para llegar a cónsul
había que pasar por los cargos intermedios; para cada uno se exigía una edad mínima.
Además de estas magistraturas «ejecutivas» había otras, de carácter especial, entre las
que destacaban:
Los censores. Eran dos también, elegidos entre lo’ ex cónsules. Dirigían la revisión
del censo de los ciudadanos cada cinco años y controlaban las costumbres públicas
(de ahí «censura»). Al final de su gestión organizaban un solemne sacrificio de
purificación (lustrum, de donde procede «lustro», periodo de cinco años).
Los tribunos de la plebe. Eran diez. Defendían la plebe contra los abusos de los
demás magistrados (casi siempre patricios), sobre los que tenían derecho de veto.
Convocaban y presidían el concilio de la plebe, después Asamblea tributa. Eran
considerados sagrados (intocables).
Las magistraturas extraordinarias sólo eran elegidas en situaciones de excepcional
peligro para la ciudad. Eran dos: el dictador, máximos poderes, sin colega, elegido
entre los cónsules por un periodo máximo de seis meses, su lugarteniente era el
maestre de la caballería.
b) Senado
Esta institución, cuya fundación se atribuía a Rómulo, fue siempre el verdadero
centro del poder político en la época de la República, tanto por la autoridad y poder
personal de sus componentes, cuya pertenencia al orden senatorial era vitalicia,
como por la importancia de sus funciones en la política exterior y en la interior:
Política exterior: decisiones sobre las declaraciones de guerra y firma de paz,
asignación de gobiernos de las provincias y mandos militares, etc.
Política interior: ratificación de las leyes hasta el siglo III a.C., dirección y control de
la actuación de los magistrados, administración de la hacienda pública, etc. Sus
dictámenes, senatus consulta, tenían fuerza de ley.
El número de senadores se fijó en trescientos a principios de la República. La lista
(album) era decidida cada cinco años por los censores entre los miembros del «orden
senatorial», al que pertenecían todos aquellos que habían desempeñado alguna de las
magistraturas. El senador con un cursus honorum más glorioso tenía el título de
princeps Senatus. Los senadores que habían sido cónsules (y sus descendientes)
constituían la nobilitas, verdadero núcleo dirigente de la política y de la sociedad
romana.
c) Los comicios
En el caso de la República romana hay que hablar de comicios o asambleas en plural,
porque, además de la Asamblea curiada, heredada de la época monárquica y reducida
a funciones protocolarias, había dos tipos de asamblea: la Asamblea centuriada y la
Asamblea tributa. Ambas eran diferentes en cuanto a sus funciones, el sistema de
votación e, incluso, el lugar de reunión, aunque los participantes eran los mismos, es
decir, los ciudadanos romanos.
.- La Asamblea centuriada. Su fundación se atribuía al rey Servio Tulio, pero debió
de ser posterior. En ella, los ciudadanos votaban, distribuidos según sus riquezas, en
cinco clases o niveles, cada uno de los cuales estaba dividido en un número
determinado de secciones o centurias (193 en total). Cada centuria tenía un voto. La
función principal de la Asamblea centuriada era electoral: en ella se elegían las
magistraturas «mayores» (pretores, cónsules, censores). Se reunía en las afueras de
Roma, en el Campo de Marte.
.-La Asamblea tributa. Tuvo su origen en la primitiva asamblea plebeya (concilium
plebis), pero a partir del siglo VI a.C. participaban ya todos los ciudadanos, patricios
y plebeyos. Votaban distribuidos en tribus o distritos electorales, según el lugar de
residencia: había cuatro tribus urbanas y treinta y una rurales. Era la asamblea
legislativa por excelencia, aunque también se elegían en ella las magistraturas
«menores» (ediles y cuestores) y los «tribunos de la plebe». Se reunía habitualmente
en el Foro.



Personaje representativo: Lucio Cornelio Sila


Dictador romano (?, 138 - Cumas, Campania, 78 a. C.). Procedente de una familia patricia, Sila inició su carrera militar, diplomática y administrativa al servicio de Mario: combatió en Numidia (donde venció a Yugurta en el 105), la Galia, Capadocia (adonde fue como procónsul en el 96) e Italia (primero rechazando la invasión de los cimbrios y luego reprimiendo la guerra social del 91-89). Se fue erigiendo así en jefe del partido senatorial, que representaba las posturas conservadoras de la oligarquía nobiliaria. Y en el 88 fue elegido cónsul y puesto al mando del ejército enviado a Oriente para luchar contra la rebelión de Mitrídates.
El partido popular, representante de los caballeros y del pueblo romano, forzó su destitución en favor de Mario; y Sila respondió marchando sobre Roma con sus legiones para recuperar el poder. Tan pronto como regresó a Oriente, Mario volvió a hacerse con el control en la ciudad y desencadenó la represión contra los aristócratas que apoyaban a Sila.
Éste, destituido oficialmente, continuó al mando de las legiones de Oriente, convertidas en un ejército personal, con el que prosiguió la Guerra de Mitrídates (88-84). Sólo después de la victoria pudo regresar a Roma y expulsar a Mario del poder mediante una guerra civil (83-82), en la que los senatoriales masacraron a los marianos y a los pueblos que les apoyaban en Italia (samnitas y lucanos). Se hizo conceder entonces poderes dictatoriales (82-81), con los que emprendió la depuración de sus enemigos y la reforma de la constitución romana (Leyes Cornelianas). Redujo los poderes de los tribunos de la plebe y reforzó los del Senado, al tiempo que reservaba las funciones judiciales para la clase senatorial en detrimento de los caballeros. Luego abandonó la dictadura, quedando como cónsul hasta que se retiró de la política en el 79.


6. Imperio



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El Imperio duró también cinco siglos (es llamativa la simetría en la cronología
romana) y, como ya se ha indicado, se divide tradicionalmente en dos períodos:
Alto Imperio, hasta finales del siglo III, y Bajo Imperio, hasta el año 476. Hay
grandes diferencias entre uno y otro periodo, tanto en lo que se refiere a la historia
interna (régimen político y organización social) como a la historia externa (situación
del Imperio y relaciones con los pueblos que lo rodeaban).

6. 1. Historia interna: regímenes políticos
- El Alto Imperio: Principado



Con Octavio Augusto se inicia un sistema político conocido por «principado», porque
el emperador ostentaba el título oficial de princeps. En teoría, el régimen
republicano seguía vigente, pero, en la práctica, el princeps dominaba sobre todas las
instituciones del Estado (magistraturas, Senado, asambleas). En esencia era una
vuelta al poder monárquico (palabra griega que significa «en manos de uno solo»).
Augusto consiguió este poder absoluto gracias al apoyo del ejército con que derrotó a
Marco Antonio en el año 31 a.C. en la batalla de Actium. A partir de entonces fue
acumulando honores (princeps Senatus, augustus, pater patriae...) y los poderes
básicos (potestad tribunicia e imperio proconsular vitalicios, «control de las
costumbres», pontificado máximo, poder legislativo...).
Los sucesores de Augusto en el cargo recibían todos estos honores y poderes una vez
eran aceptados por el ejército, verdadero árbitro de la situación, en una ceremonia
protocolaria del Senado. Como la sucesión no estaba reglamentada ni el poder era
legalmente hereditario, el ejército, sobre todo las cohortes pretorianas acantonadas
en Roma, elegía al futuro emperador unas veces entre los miembros de la familia
imperial, otras veces entre los generales más prestigiosos o más «generosos».
Las antiguas instituciones republicanas quedaron totalmente desvirtuadas. Las
magistraturas se convirtieron en una especie de «títulos nobiliarios». Las asambleas
desaparecieron. El Senado retuvo algo de su antiguo poder y pasó a ser el órgano
legislativo, siempre bajo la autoridad del emperador.
En este periodo se crearon nuevos cargos públicos, como los prefectos (encargados de
la administración de la capital del Imperio), los procuradores (funcionarios al
servicio directo del emperador, en Roma y en- las provincias) y los jefes de la
cancillería (encargados de los distintos «ministerios»: justicia, administración de las
provincias, reclamaciones, asuntos exteriores, etc.). Los funcionarios más
importantes constituían el Consilium Principis, verdadero gobierno del Imperio.

-El Bajo Imperio: Diocleciano

Para poner orden en el caos político, social, económico y militar en que había caído
el Imperio desde mediados del siglo III, Diocleciano procedió a una reestructuración
radical del sistema imperial: le dio un carácter abiertamente monárquico, absolutista,
al estilo oriental; el emperador era considerado como un dios, dueño y señor
(dominus) del Imperio y de la vida y hacienda de sus súbditos.
Diocleciano dividió el Imperio en dos: él se encargó de la parte oriental (capital,
Nicomedia) y nombró a Maximiano para la occidental (capital, Milán), los dos con el
título de Augusto. Cada uno de ellos nombró un viceemperador con el título de
César, destinado a sucederle. Este sistema de cuatro gobernantes se denomina
tetrarquía.
La tetrarquía no sobrevivió a su creador. Los dos Augustos abdicaron en el año 304 y
enseguida estallaron los conflictos, hasta que Constantino volvió a unificar el
Imperio (con capital en Constantinopla). Pero fiel a la nueva concepción dinástica
del poder. en su testamento lo repartió entre sus hijos.
Las unificaciones y particiones se repitieron a lo largo del siglo IV hasta que el
emperador Teodosio dividió el Imperio entre sus hijos y así quedó definitivamente.

6.3. Historia interna: las clases sociales


Durante la época del Imperio, la «clasificación» social se organiza sobre la base de la
distinción de dos niveles claros: el de los humiliores (los pobres, es decir, la inmensa
mayoría) y el de los honestiores (la minoría adinerada). Este último nivel estaba
dividido a su vez en dos estamentos: el senatorial y el de los caballeros.
La distinción entre ciudadanos y no ciudadanos va perdiendo importancia: los
derechos de ciudadanía se conceden cada vez con más facilidad y amplitud hasta que
acaban por extenderse a todos los habitantes del Imperio en tiempos del emperador
Caracalla (año 212).
El número de esclavos había seguido creciendo (había ricos propietarios que los
contaban por miles). Pero también muchos de ellos eran liberados (manumitidos),
con lo que pasaban a constituir un nuevo estamento social cada vez más numeroso e
importante: el de los libertos.
Los libertos no tenían reconocida la ciudadanía (sí sus hijos) y mantenían el nomen
de su antiguo dueño. Muchos llegaron a destacar en el mundo de los negocios o a
ocupar puestos de gran responsabilidad en la nueva administración imperial.
6.5. Historia externa: del apogeo a la crisis
• Siglo Ia.C.
Augusto incorporó al Imperio el riquísimo reino de Egipto y culminó la conquista de
Hispania tras vencer a los cántabros y astures (19 a.C.). Dividió la Península en tres
provincias: Bética, Lusitania y Tarraconense.
• Siglo I
Se fija el limes (frontera) del Imperio en los ríos Danubio-Rhin y se amplía con los
territorios de Mauritania, al sur, e Inglaterra, al norte.
• Siglo II
Se amplía el Imperio por Oriente (Arabia. Armenia, Mesopotamia) y en Europa el
emperador Trajano conquista la Dacia (actual Rumania). Su sucesor. Adriano,
español como él, fija y fortifica las fronteras del Imperio, que alcanza en esta época
su momento de máxima expansión y esplendor.
• Siglo III
La presión de los distintos pueblos bárbaros sobre las zonas fronterizas del Imperio se
hace cada vez más difícil de contrarrestar, tanto en Oriente (los partos) como en
Europa (los germanos). Empiezan a producirse incursiones hasta el interior (Italia,
Hispania). Godos, alanos, francos y otros pueblos bárbaros van tomando posiciones
ya dentro de las fronteras.
• Siglo IV
Todos estos pueblos van ocupando zonas cada vez más extensas. Por el este de
Europa irrumpen los visigodos, empujados a su vez por los hunos; en Oriente son los
persas. Los emperadores romanos a duras penas mantienen el control sobre el
Imperio, gracias a un ejército formado en su mayoría por tropas bárbaras y mandado
por generales bárbaros.
• Siglo V
A comienzos de siglo hay una entrada masiva de pueblos por la frontera norte
(suevos, vándalos, burgundios...), que se suman a los ya instalados. Comienzan a
disputarse entre ellos la ocupación de las distintas zonas del Imperio. De hecho sus
reyes y generales dominan ya a los propios emperadores, que cada vez lo son más
sólo de nombre. La propia Roma es saqueada varias veces, hasta que en el 476 un jefe
bárbaro, Odoacro, destituye al último emperador romano, llamado Rómulo, como el
fundador.

Personaje representativo: Trajano

(Marco Ulpio Trajano; Itálica, hoy desaparecida, actual España, 53-Selinonte, hoy desaparecida, Sicilia, 117) Emperador romano. Miembro de una familia de la pujante aristocracia de la Bética, desarrolló una brillante carrera militar a lo largo de los reinados de Domiciano y Nerva. En el año 97, Nerva lo adoptó y lo asoció a la sucesión imperial, con lo que se inició una costumbre que se mantendría durante la época de los Antoninos, por la cual, el emperador designaba un sucesor, a quien adoptaba, entre los aspirantes más cualificados.
La figura de Trajano fue considerada por la historiografía romana como la del Optimus Princeps, y su actitud de respeto por el Senado y por la tradición, así como su eficaz gestión de gobierno, le valieron la admiración de sus contemporáneos. Mejoró la Administración imperial, realizó numerosas obras públicas y, consciente del declinar demográfico del imperio, instauró diversas iniciativas tendentes a paliar sus efectos, protegiendo a las familias numerosas y a los huérfanos.
Sin embargo, es recordado, sobre todo, por sus campañas militares, que llevaron las fronteras del Imperio Romano hasta su punto de máxima expansión. Tras dos intensas campañas, la primera entre el 101 y el 102 y la segunda entre el 105 y el 107, las legiones consiguieron quebrar la resistencia del reino dacio del rey Decébalo. Ocupada Dacia, que fue repoblada por colonos, Trajano llevó a cabo una importante reorganización del limes antes de pasar a la ofensiva contra el enemigo tradicional de Roma en Oriente, los partos. En el 113, un nutridísimo ejército romano inició el ataque, que lo llevaría a ocupar toda la Mesopotamia y conquistar ciudades como Babilonia y Ctesifonte, para llevar las armas de Roma hasta el golfo Pérsico. Estos límites territoriales resultaron más difíciles de conservar que de conquistar, hasta el punto de que una rebelión judía y el continuo hostigamiento por parte de los partos de Cosroes obligaron a Trajano a evacuar el sur de Mesopotamia. Enfermo, el emperador murió durante su regreso a Roma.



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